Más del 93% de la oferta máxima de Bitcoin (BTC) ya ha sido minada y puesta en circulación. Esto implica que en las próximas décadas solo quedarán por emitirse alrededor de 1,4 millones de BTC. Pero, ¿qué impacto tiene esto en el futuro de la mayor criptomoneda del mundo?
El calendario de emisión y las “halvings”
La oferta total de Bitcoin está limitada a 21 millones de monedas. Esta cifra no puede superarse sin modificar de forma radical el protocolo, algo prácticamente imposible. Desde 2009, la emisión se regula mediante un mecanismo conocido como halving, que reduce cada cuatro años la recompensa por bloque.
En los primeros años, la recompensa era de 50 BTC por bloque. Tras más de tres halvings, los mineros reciben actualmente 3,125 BTC por bloque. Si las proyecciones se cumplen, en 2035 ya estará minado el 99% del suministro, aunque la emisión del último satoshi se extenderá hasta el año 2140, debido a la disminución progresiva de las recompensas.
A diferencia del oro —cuya oferta crece en torno al 1,7% anual—, Bitcoin sigue un camino asintótico: cada vez se emiten menos unidades hasta llegar a cero, reforzando así su carácter de activo escaso y predecible.
Monedas perdidas y escasez real
Aunque ya existen más de 19,6 millones de BTC, no todos están disponibles en el mercado. Se estima que entre 3 y 3,8 millones de monedas se han perdido para siempre por contraseñas olvidadas, wallets inaccesibles o discos duros dañados.
Entre estas pérdidas se incluye la legendaria wallet atribuida a Satoshi Nakamoto, con cerca de 1,1 millones de BTC intactos desde 2009.
En la práctica, la oferta efectiva de Bitcoin se sitúa probablemente entre 16 y 17 millones de monedas, lo que acentúa aún más su escasez.
Qué pasará después de 2140?
Cuando se mine el último Bitcoin, la red no desaparecerá. Los mineros seguirán asegurando el sistema y procesando transacciones, pero sus ingresos dependerán exclusivamente de las comisiones.
El sistema está diseñado para autorregularse: cada dos semanas, la dificultad de minado se ajusta automáticamente para mantener bloques de 10 minutos. Si minar deja de ser rentable, los mineros menos eficientes abandonan la red y la dificultad baja, equilibrando nuevamente el proceso.
La resiliencia de este modelo quedó probada en 2021, cuando China prohibió la minería. La hashrate mundial se desplomó más de un 50%, pero la red siguió funcionando sin interrupciones y meses después recuperó su capacidad gracias a la migración hacia regiones con energía barata y regulaciones más favorables.
Energía y sostenibilidad
El consumo energético de Bitcoin es otro de los grandes debates. Sin embargo, el crecimiento no es ilimitado: está ligado a la rentabilidad. Con cada halving, la presión para reducir costes obliga a los mineros a buscar fuentes más baratas y sostenibles.
Hoy, entre el 52% y el 59% de la minería global ya utiliza energía renovable o de baja emisión, según datos de la Universidad de Cambridge. Hidroeléctrica, eólica y excedentes energéticos son cada vez más frecuentes en la industria.
Lejos de ser un obstáculo, la sostenibilidad se ha convertido en una ventaja competitiva: Bitcoin es, en 2025, uno de los sectores energéticos más eficientes y verdes del planeta.
Conclusión
Con casi todo su suministro ya en circulación, Bitcoin avanza hacia su escasez absoluta. Entre halvings, monedas perdidas y la inalterable seguridad de su red, la criptomoneda se consolida como un activo único: un bien digital finito, resistente y cada vez más raro.